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| No sucede nada. Un diputado saluda efusivo a Francisco Camps. Fotografía: El País |
No les importa que el 15 de mayo las calles de las principales ciudades de España se convirtieran en escenario de multitudinarias manifestaciones por una regeneración de la democracia. Desatienden las protestas del populacho que protesta contra la actual imperfección de nuestro sistema. Reprochan que haya tantas personas que toman las plazas y lugares públicos para pedir justicia social, cumplimiento de derechos que les resultan inherentes como ciudadanos españoles.
Les da absolutamente igual todo. Se pasan por el forro de sus prendas interiores la Constitución. Su preocupación no pasa por solucionar la situación que ahoga a la gente del pueblo, empresarios que se arruinan y empleados que dejan de serlo. Parece ser para ellos algo secundario el hecho y circunstancia de que haya casi cinco millones de parados en este país, que los bancos asfixien a las familias con hipotecas prohibitivas pero concedidas, que la educación superior se transforme a pasos agigantados en un lujo para dejar de ser una posibilidad necesaria…
Es mucho más trascendental para ellos mantener discursos desfasados, que retrotraen a épocas pretéritas y oscuras. Rojos y fachas, fachas y rojos. La izquierda no quiere a la derecha y la derecha no quiere a la izquierda. Los marxistas son muy malos mientras Franco todavía es un hijo de su madre y de su padre. Banderitas del PP o del PSOE para celebrar victorias electorales como si de un partido de fútbol se tratara. Mensajes ruinosos moralmente contra los que creen diferente.
Van a lo suyo. Tratan a las personas como si fueran papeletas, esos votos que caen en las urnas y que son lo único que alimenta su ego. Somos eso y no otra cosa. Al mismo tiempo celebran sus triunfos y vituperan al perdedor, y todos se colocan medallas por ser más demócratas que nadie. Se dan golpes de pecho por cuidar de todos sus ciudadanos y representan diferentes cargos bien remunerados. Pueden ser alcaldes, parlamentarios autonómicos, diputados y secretarios generales de sus partidos a la vez. Ellos son la panacea de la política y la libertad. Trabajan por nosotros mientras nosotros no podemos trabajar.
Discuten entre sí. Discuten, discuten. No hacen nada que no sea discutir unos y otros. Y si la gente se cabrea, son anti-sistema. Curiosa acepción para quienes piden una democracia mejor en un sistema democrático. Ellos, a lo suyo. Los unos acusan a los otros y los otros acusan a los unos. Promueven y fomentan el enfrentamiento. Mientras tanto, los parados se incrementan, las familias no tienen casi para comer, la sanidad y la educación se resienten por la maltrecha economía nacional…
El pueblo está mosqueado, pero no lleva razón. Los políticos son el tercer problema para los españoles –encuesta del CIS realizada antes del 15 M-, pero eso no tiene interés. Y a la par corruptos se sientan en plenos municipales, autonómicos y nacionales. Aparecen imputados por doquier y mantienen sus cargos, y sus derechos. Pero no cumplen con sus deberes como debieran, valga la redundancia. Un ejemplo en Les Corts de Valencia.
Francisco Camps, Ricardo Costa, Vicente Rambla, Luis Díaz Alperi, Sonia Castedo… Sonríen y festejan. E invitan a todo el Paralment Valenciá a un sonrojante agapé de coste 18.000 euros. Celebran mientras la crisis se agudiza día tras día. Aunque no son los únicos: Torrijos o Gómez, Sevilla o Córdoba, Izquierda Unida o Unión Cordobesa. El tema de los ERE en la Junta de Andalucía. Instituciones de todos los lugares y partidos de todos los colores salpicados por tramas de corrupción y tráfico de influencias. Y siguen ahí, no se les cae la cara de vergüenza. Probablemente porque nunca tuvieron ni tendrán.
Qué más da. Ellos tienen su presente solucionado y su futuro garantizado. Mientras, a los ciudadanos que les vayan dando. Les suda los cojones, hablando mal y pronto, los problemas de los ciudadanos, esos a los que tratan como papeletas. Si se protesta por la situación económica, por el desempleo, por todas las dificultades, en definitiva, que se padecen, no sucede nada. Todo es color de rosa. Ellos poseen la razón absoluta, el dogma democrático. Lo demás es una lucha contra el sistema, una pataleta sin sentido. No va con ellos.







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