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| Sinama Pongolle manda a callar a la grada en un partido del Zaragoza. Fotografía: Cadena SER |
Normalmente, cuando se manda A callar en esta sección se realiza la petición-exigencia con un toque ironía. Sin embargo, en esta ocasión un servidor no hará uso de tan saludable ejercicio de crítica humorística. Será así porque verdaderamente no es gracioso, para nada, lo que soltó a través de una red social –Facebook, para ser más concretos- el señor Alfons Godall.
El tipo en cuestión demostró una terrible falta de conciencia, por no decir algo más grave. Sus declaraciones son realmente de las más patéticamente lamentables que se hayan escuchado o leído en los últimos tiempos, y con ellas se retrató por sí solo…
“Los catalanes somos unos ciudadanos castigados por la desgracia y la injusticia históricas. El destino y la desgracia nos han llevado a tener que ser españoles y sufrir las consecuencias. Por ello, entendemos la desgracia de Japón y su gente. Viven en la desgracia de sufrir el castigo de terremotos y tsunamis. La diferencia es que nosotros lo podemos resolver… Todo el apoyo a la gente de Japón”.
Sin palabras se queda uno tras leer una barbaridad de tamañas dimensiones. Para qué hablar si queda todo dicho. No obstante, intentaré explicar con brevedad lo que me transmite el señor Godall, que no es otra cosa que un buen puñado de arcadas. En serio. La actitud de este caballero me produce única y exclusivamente unas náuseas difíciles de superar sin ir al servicio.
¿Acaso puede haber mente humana que haga tan sucio uso de una auténtica tragedia como la que se vive en Japón para soltar un discursito independentista? ¿Acaso esos son los argumentos de este tipo para sostener sus ideas? ¿Acaso se puede tener mayor falta de sensibilidad hacia una situación tan dolorosa como la que padecen en estos momentos los ciudadanos nipones?
La respuesta a estas cuestiones, lamentablemente, es la que es. Exactamente lo mismo es ser catalán con ideas independentistas en un país al que no quieres pero en el que tienes la posibilidad de expresarte con absoluta libertad que un terremoto de 8,9 grados en la escala de Richter. Exactamente idéntico es padecer “el castigo” de ser español que un tsunami que deja asolada una nación entera.
Pero, ¿cómo se puede tener tanta desfachatez? A día de hoy las consecuencias del desastre son: más de 5.400 fallecidos y más de 9.000 desaparecidos, más de 530.000 desplazados, ciudades destrozadas de arriba abajo y una tremenda lucha por evitar un nuevo Chernóbil en Fukushima. Todo eso es comparable, claro está, con el hecho de ser catalán y no poder dejar de ser español.
Así parece que lo piensa el individuo éste, que además se permite el lujo de aclarar que “la diferencia es que nosotros lo podemos resolver”. Probablemente será esa la diferencia, aunque me surge la duda sobre si podrá el tipo resolver sus problemas de insensibilidad. Y lo peor está en que hombrecillos como éste ensucien símbolos como la senyera o la simple imagen de Catalunya, que para nada deben verse representados por estos señores entre el resto de los mortales.
Con todo, es necesario aclarar que si mando callar a este señor no es porque tenga unas determinadas ideas políticas,que no comparto pero respeto, sino por el uso que de la tragedia japonesa realizó para expresarlas. Señor Godall, gente como usted me produce ardores y mucha lástima por la vileza de la especie humana. Por eso, quédese en silencio, por favor.







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