![]() |
| Momento de la entrevista de Ana Rosa Quintana a Isabel García. Fotgorafía: El Imparcial |
Periodistas ávidos de una exclusiva que les convierta en el informador del año. Informadores convertidos en perros sabuesos que buscan esa noticia con la que alcanzar la notoriedad. Notoriedad que se obtiene con una buena audiencia. Audiencia que otorga buenos rendimientos económicos al medio de comunicación.
Medio que deja de ser tal para funcionar como una empresa. Empresa que no entiende de sensibilidades y sí de beneficios económicos. Beneficios económicos que se alcanzan gracias a unas declaraciones sonsacadas en detrimento de la ética profesional. Ética que parece haber desaparecido de entre los conceptos ideales para el periodista.
Está claro, lo que interesa hoy en día es ser el más visto, escuchado o leído. Qué importa que se sacudan los cimientos emocionales de una persona o se hiera la sensibilidad de otras muchas más para conseguirlo. Nada. Lo único verdaderamente esencial es la exclusiva, conseguir esa información por la que cualquiera otro profesional de los medios mataría.
Ya lo afirma Ana Rosa Quintana: “Dimos la noticia que todo periodista hubiera querido dar”. La aseveración surge a raíz de la polvareda que levantó el pasado viernes la entrevista de la periodista de Telecinco a Isabel García, mujer de Santiago del Valle, todavía presunto asesino de Mari Luz Cortés. Polémica servida en virtud de las condiciones en que se hallaba la entrevistada en el momento de aparecer en antena y responder a las cuestiones planteadas.
Nada de eso importa. Ni que Isabel García tenga problemas mentales o que su estado psicológico en el momento de la entrevista fuera paupérrimo. Lo verdaderamente valioso es que la señora confesara la autoría del asesinato de la niña onubense en directo. Por supuesto, con el rótulo de “exclusiva” en la pantalla. “Mi marido se lo cargó”, declaró la mujer entre dolorosos sollozos.
El notición estaba servido. El Programa de Ana Rosa se acababa de coronar, pues había obtenido la noticia que “todo periodista hubiera querido dar”. Pero, ¿dónde está el límite? ¿En serio se puede atentar contra la estabilidad emocional y psíquica de una persona con tal de tener esa gran primicia? ¿De verdad se puede convertir en un espectáculo mediático el drama que supone la pérdida de una hija?
Desgraciadamente sí se puede. Por eso las muertes de Mari Luz y Marta del Castillo se han convertido en “Greatest Hits” de las televisiones en España. Más allá de la importancia de la labor social que debe cumplir un medio respecto de casos como estos está la posibilidad de rascar la sangre seca en el lugar del crimen u ofrecer cualquier dato escabroso sin miramientos ni respeto hacia los familiares. Porque, una vez más, ¿qué importan los sentimientos si se tiene una exclusiva?
Y ahí estamos. Un periodista recién nacido, lleno de vocación desde la infancia, siente de repente asco hacia la profesión que amó y ama… y amará a pesar de la mierda que rezuma. Si esto es periodismo, reniego de él. Mientras tanto, que otros ejerzan su trabajo debido a una audiencia que otorga beneficios a una empresa que únicamente cree en el poder del dinero.







1 comentarios:
Es desagradable ver a los periodistas como buitres sobre la carroña, lamentable.
Publicar un comentario en la entrada